¿Has notado que estás viviendo la misma historia…otra vez?
Aunque la persona sea diferente. Aunque jures que ahora será diferente.
Pero poco a poco los mismos dolores reaparecen.
La misma inseguridad. La misma duda. El mismo sentimiento de abandono.
Y luego viene el cansancio.
La frustración.
Y el pensamiento:
"¿Qué me pasa?"
Quizás piensas que estás siendo débil.
Quizás piensas que el problema es que aún no has tenido el “coraje suficiente” para cambiar.
¿Pero qué pasa si el problema no es la falta de coraje?
¿Y si lo que te mantiene en este ciclo… es la ausencia de amor?
No el amor del otro.
Pero tu amor por ti mismo.
Pero elegir amarte a ti mismo no siempre es una decisión sencilla.
Porque amarte verdaderamente a ti mismo es caro.
Cuesta el riesgo de decepcionar.
Es difícil perder a alguien que realmente no puede encontrarte.
Es difícil abandonar lugares familiares.
Es difícil desagradar.
Y esto puede reactivar viejos miedos.
Miedos reales.
De ser rechazado, juzgado, dejado de lado.
Miedos que no vienen de tu cabeza sino de tu historia.
Es posible que hayas aprendido, a muy temprana edad, que el amor llega cuando tú quieres.
Cuando fue moldeado.
Cuando se dio por vencido.
Así que hoy, incluso como adulto, incluso como persona consciente, tu cuerpo reacciona como si fuera en aquel entonces...
haciendo todo lo posible para no perder el poco cariño que parece posible.
Y así los patrones se repiten.
No porque seas débil.
Pero porque todavía está tratando de sobrevivir.
Pero hay una salida.
Y no proviene de la fuerza. Ni de la lucha. Ni de un esfuerzo mental para "salir adelante".
La verdadera salida viene de una ruptura.
Un momento en el que algo dentro de ti elige:
Él llega.
Me quiero a mi misma.
Me doy la bienvenida.
Me escucho a mí mismo.
Aunque duela. Aunque cueste.
Éste no es un movimiento que viene de la mente.
Sucede en el cuerpo.
Sucede cuando te permites sentir.
Cuando dejas de huir de ti mismo.
Cuando te escuchas llorar y, en lugar de callar, ofreces un abrazo.
Y para eso no necesitas estar solo.
Es muy difícil romper patrones sin una red segura.
Sin un espacio donde puedas ser quien eres, sin tener que esconderte.
Sin un lugar donde poder temblar, caer, respirar… y ser bienvenido.
No necesitas ganar nada
Sólo hace falta permitir que algo nuevo nazca.
Con apoyo.
Con presencia.
Con tribu.
Y luego, poco a poco…
Lo que parecía imposible comienza a parecer posible.
Te mereces este amor.